los viajes alegran el espíritu
Hoy martes 14 de febrero iniciamos las vacaciones y fuimos directo desde Conce a Villarrica. Tomamos la ruta de la madera hasta el viaducto del malleco, un camino alternativo a la ruta cinco sur, con menos autos y mas árboles. El viaducto del malleco es el puente ferroviario mas alto de Sudamérica, es muy bello y no fue construido por Eiffel, según wikipedia. Le he mentido a mis hijos desde que nacieron!
Después de Villarrica vino el lago Tinquilco y sus aguas limpias y frescas de color azulverde oscuro, con una pequeña playa en el camping olga. En las noches siempre hay una fogata comunitaria y gracias a eso uno conoce a los vecinos y arma conversa, con un vinito o un mate en la mano. cuatro estrellas para camping olga. el pan amasao es malito.
Al cuarto día, los cuatro fantásticos nos fuimos al valle Picharas, en un día que anunciaba lluvia. En el camino se pasa por la Villa San Pedro, fundada en 1972 en terrenos expropiados por la Reforma Agraria. (quiero un documental sobre el tema, en cuevana) Visitamos las termas los Pozones, en el río Liucura, llenas de gente que se alegraba cada vez que se ponía a llover mas fuerte. Eramos un grupo conectado! En el valle se encuentra buena comida, buen alojamiento y buen carrete en http://www.kodkod.net/ Todo el camino es una belleza, rodeado de arboles nativos y se encuentran paseos cortos como el que lleva a la laguna San Jorge, un descubrimiento como para regresar. El camino estaba impeque, afortunadamente.
Al sexto día, Kurarrehue. Territorio mapuche bello, montañoso, precioso, esplendoroso y glorioso. me enamoré. Pudimos probar comida mapuche vegetariana y disfrutar la frescura de las verduras, de las hierbas, de las ideas y de los jugos. Cinco estrellas para el restorán de Ana Epulef. Muy buenos kuchenes en la plaza y un museo mapuche un poco débil en su colección.
En el séptimo día una nueva y también vieja parada en Licán Ray, pueblo de mis amores. No hay mejores aguas que las del Calafquén, tibias y limpias, a pesar de las lanchas y las motos de agua. Al octavo día, regresamos a Villarrica. Pucha que dormí bien en esa camita urbana, triste por ser de ciudad y por no ser del bosque, pero calientita.
Lonquimay fue una yapa, que incluyó el paso por Curacautín, una casita en Villa Manzanar, conocer las estaciones de trenes, Malalcahuello y cruzar el túnel Las Raíces.